lunes, 14 de marzo de 2016

Como sabéis, un grupo de alumnos de Latín e Historia del Mundo Contemporáneo del instituto I.E.S. Isabel Perillán y Quirós realizamos, el pasado mes de febrero, un viaje cultural a Roma. Uno de los seis días que pasamos en Italia visitamos Pompeya, al sur de Italia (cercana a la ciudad de Nápoles). Durante la visita a la mítica ciudad, contamos con la ayuda de una guía nativa, que se encargó de mostrarnos una pequeña parte de las ruinas de Pompeya y de explicarnos la historia de la destrucción de la ciudad en el año 79.

En agosto del año 79 de nuestra era, el Vesubio (el volcán más activo y peligroso de la Europa continental) entró en erupción y destruyó por completo las ciudades de Pompeya y Herculano (que estaban situadas a ambos lados de la ladera del monte Vesubio). Por un lado, la ciudad de Herculano fue arrasada por una mezcla de lava y ceniza procedentes del volcán; mientras que Pompeya quedó cubierta por una gran capa de ceniza y piedras pómez a la que nadie logró escapar, siendo sepultados en vida todos sus habitantes.




Plinio el Viejo (un escritor, militar, científico y naturalista latino) fue testigo de la erupción desde el mar y perdió la vida en la costa, intentando socorrer a los habitantes de la zona. Su sobrino, Plinio el Joven, contempló el desastre desde Miseno, a unos 35 kilómetros del volcán; y narró, casi a tiempo real, las trágicas circunstancias de la muerte de su tío en una carta al historiador Tácito. Gracias a esta carta sabemos hoy en día que la columna de la erupción superó los 30 kilómetros de altura y las cenizas rondaban los 350º cuando alcanzaron Pompeya. 

En el año 1860, el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli sugirió rellenar con yeso los huecos encontrados en la ceniza que habían contenido restos humanos. Se obtuvieron así unos moldes que muestran a la perfección los últimos instantes de vida de los ciudadanos de Pompeya, que adoptaron posturas y expresiones de auténtico terror. Estos moldes se encuentran en el llamado Jardín de los Fugitivos, el cual fue una de las cosas que más nos impactó a todos, ya que pudimos observar lo que fueron los cuerpos de ancianos, niños y jóvenes en el momento de su muerte.

  
Por: Cristina Máñez Manzaneque

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